México se encuentra, por una sociedad más justa y humanizada
FERNANDO
SÁNCHEZ ARGOMEDO
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Fernando Sanchez A.

Mexicano, ¿dónde está tu hermano?

En su visita a México, Pietro Parolin dijo que “podemos empezar a cambiar hoy el futuro, si somos capaces de mirar y servir a las personas concretas”.

Hay que seguir muy de cerca al Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, quien estuvo en nuestro país con motivo del coloquio México-Santa Sede sobre “Migración Internacional y Desarrollo”, un tema sumamente sensible para la Iglesia católica encabezada por el Papa Francisco.

Desde su llegada hizo sentir el cariño que le tiene a estas tierras mexicanas donde la Guadalupana es centro de nuestra identidad. Parolín fue diplomático en la Nunciatura Apostólica, justo en la época en la que el gobierno mexicano de Carlos Salinas retomó las relaciones con la Iglesia Católica.

Conocedor de la política mexicana, sabe de diálogo y de consenso. Como Nuncio Apostólico de Venezuela le tocó estar muy de cerca de la difícil situación que vive este país desde el arribo de Hugo Chávez. Allí puso a prueba una vez más su capacidad de diálogo.

Fue elegido por el Papa Francisco como Secretario de Estado por sus grandes dotes diplomáticas, pero sobre todo por ser un “pastor con olor a oveja”. Igual que el Papa Francisco, es un hombre convencido de que la Iglesia debe ir de salida al encuentro con los demás, especialmente con los más necesitados.

En particular, llamó mucho la atención el discurso que brindó en el mencionado coloquio en presencia de funcionarios públicos como Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; José Antonio Meade, Secretario de Relaciones Exteriores, y Rosario Robles, Secretaria de Desarrollo Social.

Comenzó reconociendo el proceso de “maduración” del Estado mexicano en materia de libertad religiosa, resaltando que el Presidente Peña Nieto, al realizar un coloquio en conjunto con la Iglesia católica, la está considerando como un importantísimo interlocutor.

Es muy valioso que se hagan coincidir intereses sobre temas de gran relevancia como es el de los migrantes, una periferia existencial que el Papa Francisco ha puntualizado como misión para todos los católicos, por ser personas que sufren de forma muy dramática la cultura del “descarte”.

El Secretario de Estado Vaticano resaltó que “a lo largo de este proceso [de maduración de la libertad religiosa y reconocimiento de los derechos humanos] se ha hecho evidente, una vez más, que la fuente más originaria del derecho no se encuentra en los mecanismos de consenso y pacto entre mayorías y minorías, propios de cualquier asamblea legislativa, sino en el reconocimiento de la dignidad inalienable de toda persona”.

Esta expresión es relevantísima, tomando en cuenta las posiciones que han asumido algunos legisladores y la Suprema Corte de Justicia, quienes subordinan la dignidad de la persona humana al derecho y a las leyes del Estado. En contraste, Parolin dejó muy claro que “cada ser humano, por pequeño y poco funcional que sea, posee una dignidad y unos derechos que nada ni nadie le pueden arrebatar”.

De la misma forma, el Cardenal Parolin señaló algo fundamental que muchos políticos han olvidado, sobre todo aquellos políticos que se dicen católicos: “El único criterio absolutamente válido para evaluar si una comunidad política cumple con su vocación de servicio al bien común, es precisamente éste: la calidad de su servicio a las personas, pero de un modo especial, a las más pobres y vulnerables”.

Parolin demostró por qué fue elegido por el Papa Francisco, al estar en total sintonía con sus conceptos, no por política y diplomacia, sino por convicción. En la misma línea de la “cultura del encuentro”, señaló que “podemos empezar a cambiar hoy el futuro, si somos capaces de mirar y servir a las personas concretas, aquellas que conocemos, aquellas que tratamos cada día. Si sabemos mirar también el rostro de cada emigrante, aprenderemos a encontrar una razón para afirmar que todos somos hermanos”.

Recordó la expresión emanada de la Biblia en la que Dios le pregunta a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”, misma que el Papa Francisco mencionó en Lampedusa.

Lanzó un reto al gobierno mexicano, el cual esperemos que asuma o al menos haya tomado nota: “Cuando un país no sólo tolera a la Iglesia, sino que en el marco de una sana laicidad establece los medios jurídicos para su protección y promueve su acción social a favor del bien común, garantiza un elemento meta-político clave para el progreso: la confianza”. Confianza de la que no gozan nuestros políticos, pero que bien pueden comenzar a construirla.

Es esencial señalar la importancia de que los católicos asumamos el papel que nos corresponde frente a esta realidad que nos lacera como sociedad: la de los hombres, mujeres y niños que frente a la falta de oportunidades y de solidaridad tienen que ir a buscarlas a otros lados, enfrentándose con un camino tortuoso, peligroso, lacerante e indigno.

Dejemos de preocuparnos por las formas y comencemos a trabajar en las cosas concretas… y profundicemos y reflexionemos sobre esta pregunta: “Mexicano, ¿dónde está tu hermano?

Presidente yoinfluyo.com

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